
HOLLYWOOD
La fábrica de sueños que nunca fue

Netflix es el nuevo Hollywood. O así es como me gustaría pensar que es su declaración de la mano del productor/guionista/director/creador Ryan Murphy -el nuevo rey de la televisión y el streaming- misma que se refleja en la serie de título homónimo de esta columna; sin embargo, con un twist “tarantinesco”, esta nueva creación de la maquina de sueños digital, si bien es un retrato fiel en estilo y forma a una época, es en su reinterpretación y ejecución que no cuaja del todo, dejándonos un sabor agridulce, veamos por qué.
Con un elenco multiestelar de caras nuevas en la TV/Streaming, la serie nos presenta las historias de figuras que seguramente resonarán en sus mentes, mezclados con personajes de ficción, pero que se cruzan con espíritus que actualmente la ficción los supera como el mítico Rock Hudson, Anna May Wong, Vivian Leigh, entre otros.
Por otra parte, es un retrato de una época postguerra donde las películas -y el ingreso del sonido y el color en las mismas- se volvieron la válvula de escape para una masa envuelta en la resaca bélica, la inestabilidad económica y la necesidad de buscar la esperanza en un lugar diferente, ¿nos suena familiar?
“Hollywood” acierta en su estructura, 7 episodios de casi una hora de duración, pero con una línea clara a seguir y con una solidez en su selección de personajes, subtramas y trama principal. A cada personaje los conocemos por medio de su lucha para llegar a ser alguien en Hollywood, y al llegar, el gran reto: hacer la primera película con una protagonista de color, escrita por un autor de color y homosexual, y financiada por un estudio prominente, en este caso los ficticios “ACS Studios”, que asemejan a lo que fue Universal, MGM, etc.
Acompañando a rostros jóvenes como Darren Criss, o el nuevo consentido de Murphy, David Corenswet, están leyendas como Patti Lupone, Jim Parsons, Mira Sorvino, Rob Reiner, entre otros, para hacer de esta serie un tour de forcé de actuaciones sin igual, cobijado por una excelente banda sonora, diseño de producción y un exquisito vestuario que sin duda te hacen sumergirte de lleno en la época.
Sin embargo, después de tremendo festín, el único tema como mencionaba, y redondeando esta columna, es el twist. Aplicado a la Tarantino, Murphy se toma varias libertades para expresar lo que para él debió ser la época dorada de Hollywood, trasladado un poco al modelo Netflix. Tristemente, y esto es personal, dentro de la veracidad y libertad creativa, aquí queda un sabor agridulce, si bien con Tarantino en su giro para “Bastardos sin gloria” todos estábamos de acuerdo, aquí la vuelta de tuerca aún no se percibe pues movimientos como el #MeToo, la desigualdad de género, los derechos LGBT y más siguen muy latentes.
Aún y con todo, como buena fábrica de sueños, esa es la invitación de la serie, soñar para hacer una realidad tangible.
Pero en tiempos tan oscuros, ¿es este el tipo de cursi que necesitamos? Juzgue usted.