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LA SUSTANCIA

Cultura pop, feminismo y gore

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Su trama es sencilla: Elisabeth Sparkle, una estrella de Hollywood de 60 años, quien ostenta un programa matutino de ejercicios aeróbicos es notificada, por su ostentoso y vulgar patrón, que su retiro es inminente y que es hora de que el canal busque una nueva cara. Ante este hecho, nuestra protagonista cae en una depresión y confusión profundas, derivando en un accidente del cual sale ilesa, y que a la postre por un encuentro fortuito se tope con la oportunidad de conocer: La Sustancia, un compuesto que contiene la promesa de generar un nuevo tú, mejorado y más joven, la única regla: mantener un balance perfecto de coexistencia de siete días entre una y otra de las versiones.

Desde su estreno en el festival de Cannes de este año, mismo que le amerita el galardón al mejor guión en este encuentro, yo como ávido lector de lo que ocurre en la riviera francesa y la promesa de buen cine, este título me llamó la atención desde que empecé a indagar. La premisa si bien, simple y relativamente vaga, prometía misterio y además ser una tesis en un formato original para diseminar con respecto al autoestima, el feminismo, el sistema patriarcal y la cultura pop. Todo lo anterior se cumplió, y se superó con creces.

 

Comenzando por el casting, éste es perfecto, una Demi Moore como no se ha visto antes en su trayectoria; glamourosa y espectacular, pero enmarcada en un aura de vulnerabilidad, incertidumbre, rabia, odio y horror físico, es fascinante ver cómo minuto a minuto se va descomponiendo de ser una mujer cautivante hasta prácticamente no poder mantener el ojo en la pantalla de lo desagradable de las imágenes que se van proyectando ante dicha decadencia. Margaret Qualley, como la nueva versión de nuestra protagonista, es la perfección insoportable y exagerada, cada cuadro le favorece hasta el punto de la incomodidad y el erotismo culpable, atreviéndose casi a la pornografía, no es sutil, su propósito es provocar y hacerlo evidente. Y finalmente Dennis Quaid, como la caricatura del productor de Hollywood, caracterizado como un proxeneta de terrible gusto, de orientación sexual dudosa pero dentro del canon de la reafirmación del hombre dominante, extravagante, ruidoso, descuidado e intimidante, este último un absoluto diez a pesar de lo superficial que pudiera ser su personaje.

 

Por el lado del guión, es cohesivo de principio a fin, no finge ni trata de llevarnos por el lado moral. Al contrario, pone los hechos con sumo cuidado a pesar del caos que implica el largometraje, su propósito es generar la catarsis y llevarte al límite (hasta a momentos sobrepasarlos) de la incomodidad y el asco, la interpretación queda a cada uno.

 

Lo anterior sumado a una fotografía, ambientación y vestuarios vibrantes en color, cada uno con su propio tono y significado para ir comprendiendo desde el infortunio y la desolación, hasta la máxima del deseo y la provocación erótica-estética.

 

Coralie Fargaet, la directora de este largometraje, se coloca con esta primera pieza que veo de ella, dentro de mi radar de expectativas, su voz si bien envuelta en homenajes y referencias muy claras, su forma de seleccionarlas al mejor estilo de Quentin Tarantino, nos permiten disfrutarlas desde un ojo del homenaje digno, pero entendiendo que se trata de su propio ente con su propósito claro y tajante.

“La Sustancia”, viene a ser más allá de la controversia que su exceso conlleva, una declaración contemporánea de nuestra era donde la eterna juventud parece ser el canon de la vigencia y la durabilidad en este plano terrenal. Un smoothie delicioso y empalagoso que nos lleva a ese cine y literatura basados en el dilema de Narcis, con el toque de otros que rayan en la combinación precisa de horror cómico: “La muerte le sienta bien”, “El retrato de Dorian Grey”, “Triunfos Robados”, “Carrie”, “El Resplandor”... y muchos, muchos más títulos.

 

No apta para el estómago irritable… 

Una película que se debe de ver para generar diálogo, controversia y sorprendentemente unidad a través de la verdadera fe la cual nace, y como dice el protagonista de la cinta, de la falta de certeza… la certeza como el gran enemigo de la religión. Potente.

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© 2020 por Raúl Cedeño creado con Wix.com

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