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LOS CHICOS DE LA BANDA

Ser queer en 1968… ¿2020?

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Escrita por Mart Crowley en 1970, y presentada off-Broadway- el circuito teatral circundante a la escena principal teatral en Manhattan-, fue la primera obra de teatro que presentaba personajes y temáticas 100% enfocadas en las problemáticas de un grupo de hombres homosexuales de mediana edad y su destape de demonios y frustraciones en un festejo de cumpleaños. Hoy en pleno 2020, el director Joe Mantello y el productor Ryan Murphy vía la libertad de Netflix, traen a la pantalla chica (¿o grande en cierto sentido?) de vuelta esta gran historia.

La trama como comentaba presenta a un grupo de hombres gay que se reúnen para festejar el cumpleaños del digamos “más grande del grupo”, Harold (Zachary Quinto). Todo esto se lleva a cabo en casa de Michael (Jim Parsons), quien funge como protagonista y ácido moderador de la tertulia, misma que se complica al llegar a la misma, Alan (Brian Hutchison), ex compañero de la universidad… heterosexual cabe mencionar. El resto del grupo conformado por Donald (Matt Bomer), un prostituto Cowboy (Charlie Carver), Larry (Andrew Rannells) y su pareja-roomie Hank (Tuc Watkins), un afroamericano Bernard (Michael Benjamin Washington), y un extravagante puertorriqueño Emory (Robin de Jesús), sin duda se llevan la sorpresa, y al calor de las copas; los sentimientos, los amores y desamores, el deseo y la envidia comienzan a salir.

Como dato esta obra fue montada por primera vez en nuestro país por Nancy Cardenas y apadrinada por Carlos Monsivais, volviéndose un estandarte del movimiento LGBT. Recientemente, Horacio Villalobos, la montó en el Teatro Xola, y la verdad las ganas de verla- no por Horacio- eran muchas en mi caso, dado que en la universidad había escrito y descubierto esta obra como una de las pioneras en las manifestaciones culturales LGBT de México; sin embargo, nos tocó verla en Netflix, y debo confesar que fue un goce total.

El guion es una exquisitez de principio a fin, y de hecho me pregunto como será el doblaje en nuestro país al verla en vivo, el lenguaje es clave en esta pieza dado que utiliza mucha jerga gay estadounidense de antaño. Conceptos como: Mary, fairy, queen, doll… etc, van sonando como notas musicales cantadas por los actores, sumado por supuesto a las extraordinarias actuaciones del elenco, conformado en su totalidad por actores declarados abiertamente homosexuales. A los 15 minutos de arrancada la cinta quedé cautivado, por si fuera poco, la película no peca de aburrida o monótona, a pesar de tratarse de una trama situada en un solo set y un espacio de tiempo en el mismo día.

La música, el diseño de producción, el vestuario y la fotografía nos meten de lleno al entorno y nos sentimos como un invitado más a esta debacle de amistades, donde a pesar de intuir que se trata de mucho tiempo del que se conocen nuestros personajes, conforme vamos escarbando en la historia el fondo parece no tocarse, pero cuando llegamos, es un pozo de agua helada.

A pesar de un final demasiado abierto para mi gusto, “Los chicos de la banda”, resulta una pieza trascendente en el “cine gay”, si le queremos llamar así. A pesar de haber sido escrita hace 50 años; los temas, las frases, los personajes, sus demonios y virtudes, son más vigentes que nunca. Como joven LGBT en la CDMX, sin duda, te das cuenta de que muchas cosas no han cambiado, y a pesar de la apertura, hay paradigmas que continúan presentes… ¡Incluso dentro de la propia comunidad!

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“Los chicos de la banda” es de esas obras imprescindibles, que se tienen que ver para comprender, o tratar de, un contexto en el cual no son participes, hablo de la audiencia heterosexual de la cinta. Y para aquellos que sí somos queer, es un espejo duro de ver, pero que nos hará abrazar más de cerca a nuestros amigos, y entender por qué la unión hoy en día es más importante que la de nuestros antepasados.

Una película que se debe de ver para generar diálogo, controversia y sorprendentemente unidad a través de la verdadera fe la cual nace, y como dice el protagonista de la cinta, de la falta de certeza… la certeza como el gran enemigo de la religión. Potente.

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© 2020 por Raúl Cedeño creado con Wix.com

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