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OZARK

Sobre la familia, los cárteles mexicanos y Trump

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Cuando Netflix arrancó con su contenido original lo hizo sin temor al gasto, y actualmente continúa así. “Arrojemos a David Fincher, Kevin Spacey, Robin Wright y un drama político en la licuadora”, me imagino que declararon los ejecutivos de Netflix. Resultado: House of Cards, tras dos temporadas, esta intriga de lucha de poderes y un matrimonio perverso, parecía la siguiente en el gran trono de la historia de la TV, tomando como referencias “The Wire”, “The Sopranos” y “Breaking Bad”; sin embargo, para la tercera temporada algo sucedió… el rumbo estaba perdido, la narrativa lucía inverosímil, que ya lo era pero no al grado de la franquicia “Rápidos y Furiosos”, y después del movimiento #MeToo, la serie simplemente quedó en una gloria extraña. El lugar quedó vacío… hasta ahora.

“Ozark” me fue presentada por mis padres en una tarde de domingo, día en el que normalmente comemos juntos y en la sobremesa tocamos temas de toda índole, desde la banalidad de Hollywood hasta intentar arreglar el mundo desde nuestros dispares puntos de vista económicos y políticos. En su momento, mi padre la describió como una mezcla interesante entre “The Middle” y “Breaking Bad”. Un mes después, plazo del autor en este espacio para atender las sugerencias que se me hacen en series, libros y más -en el caso del cine lo hago de inmediato- decidí verla.

La historia nos presenta a Marty Byrde (Jason Bateman), un asesor financiero super dotado de Chicago que tras un conflicto con su jefe, cabe destacar nada más y nada menos que un capo de la droga mexicano, debe mudarse con su esposa, Wendy (Laura Linney), y sus dos hijos; Charlotte (Sofia Hublitz) y Jonah (Skylar Gaetner), a los Ozarks de Missouri, para iniciar una nueva vida y establecer un esquema de lavado de dinero para su jefe narcotraficante.

La primera temporada hábilmente, en su estética sobria y azul, nos va llevando en el desarrollo de los personajes en primera instancia unidimensionales, hacia una curva ascendente en la que las circunstancias los van sacando de su zona de confort y convirtiéndolos de una familia relativamente “unida” por la rutina hacia la unión basada en la supervivencia del más fuerte. Lo que destaca aquí, es que ante las circunstancias el valor familiar se entiende aunque caigan en la ilegalidad, esto llevado por medio de una narrativa hasta cierto grado satírica dentro del tono de los diálogos.

En la segunda temporada, la serie teniendo a sus personajes como móviles de la trama, no tanto en viceversa, escala a proporciones inesperadas, factor constante durante la serie, si bien podemos predecir el 30% de lo que ocurrirá, es refrescante y muy estresante no saber en qué consistirá el otro 70% y eso hace sumamente valiosa a la serie.

Volviendo a la introducción, con el tema de “House of Cards”, Netflix sufre de una maldición, hacen dos excelentes temporadas, pero en la tercera se pierden, otro ejemplo, fue la pionera “Orange is the new black”, visionaria, vanguardista y sin tapujos, dos excelentes temporadas, pero a la tercera, como novela mexicana: rellenada y sin rumbo. “Ozark” logra el milagrito… es mucho, tanto así, que no estoy seguro si quiero, o sugeriría que la siguiente temporada sea la última, hasta el momento no hay reportes de temporada final.

¿Por qué menciono lo anterior? “Ozark”, con su tercera temporada, se confirma actualmente como la mejor serie de Netflix desde su creación. Punto. Es un complejo retrato de la unión y las relaciones familiares, una guerra de poderes de lazos sanguíneos, engaños, ambición y el retrato del privilegio o el “Brand marketing” de la familia blanca perfecta, sin importar que tras bambalinas, y peor aún en la tramoya, estén llenas de mierda. Por otra parte, es un retrato complejo de la polarización y división de la sociedad estadounidense en 2020.

No me queda más que cerrar diciendo: véanla. Tenemos que hablar de “Ozark”.

Una película que se debe de ver para generar diálogo, controversia y sorprendentemente unidad a través de la verdadera fe la cual nace, y como dice el protagonista de la cinta, de la falta de certeza… la certeza como el gran enemigo de la religión. Potente.

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© 2020 por Raúl Cedeño creado con Wix.com

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