
PIENSO EN EL FINAL
Terror a la Kaufman

Charlie Kaufman es probablemente uno de los mejores escritores cinematográficos del cine contemporáneo, y por qué no, del siglo XXI. Su mente es un complejo rompecabezas que nos ha regalado cintas como: “¿Quién quiere ser John Malkovich?”, mi favorita “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”, “El ladrón de orquídeas”, y sus dos aportaciones como cineasta de autor –“Anomalisa” y “Synecdoche, New York”. A este curriculum, si bien breve pero contundente, se le suma, “Pienso en el final”, película basada en la novela de Ian Reid, la cual acerca por primera vez a Kaufman al género del terror, si es que se pudiera considerar ésta una pieza de tal clasificación… analicemos.
La película nos presenta a una joven mujer sin nombre, interpretada magistralmente por Jessie Buckley, quien acompaña a su novio Jake a conocer a sus padres -interpretados con una precisión técnica impecable por Toni Colette y David Thewlis- en la granja donde creció. En paralelo, observamos retazos de la vida monótona y solitaria de un opaco conserje en una secundaria.
El párrafo previo fue un ejercicio mayúsculo en términos de condesar lo mayor posible de la trama, sin spoilers cabe destacar.
En primera instancia el guion, normalmente intento leer las novelas en las que se basan algunas películas, sobre todo las de este calibre; sin embargo, por la premura, no fue el caso, aún así veo que se trata de un texto complejo: cinematográfico y literario, de hecho el autor del libro estuvo involucrado con Kaufman para la hechura del guion. Sin duda es un reto seguirlo, las cosas se pueden tornar confusas sobre todo pasando el segundo acto, donde los saltos en el tiempo, los sucesos y los personajes están en constante cambio, francamente en una primera vista no es suficiente. Por otro lado, está el ritmo de la historia a momentos sumamente visual, y en otros los diálogos son vitales para comprender qué está sucediendo, un poco en similitud con “Eterno resplandor…”.
La fotografía, grabada en un radio de 4:3, es tensa y logramos solo tener una visión contenida de la imagen dentro del margen, lo que nos hace sumergirnos por completo en lo que estamos viendo, nos pone a pensar minuto a minuto en la relación de los sucesos y observamos detalles que quizás en un formato tradicional hubiésemos perdido, la película en este aspecto, a pesar de lo mucho que sucede, está contenido, el autor quiere que veas los detalles.
La musicalización es otro elemento importante, es otro personaje vital a la historia para darnos a entender, y dar pistas, de los giros de tuerca, los cuales son muy elegantes e imperceptibles, sumándole más confusión a una enredada estructura dramática.
En resumidas cuentas, y redondeando el análisis, esta fue una cinta que en lo personal me costó mucho trabajo, y que si me dejó pensando en exceso tratando de comprender qué fue lo que pasó, y no me dejó pensando en una manera positiva, al contrario. Confieso con cierta vergüenza, que tuve que recurrir a la vieja confiable de YouTube para ver los videos que explican la película, y lo que veo es que es una cinta que si la quieres desmenuzar necesitas mucho contexto cinematográfico, literario y de teatro musical.
Si bien disfrutable, es cuestionable su fibra dentro del género del terror, sin duda da miedo, pero más bien a nivel psicológico el embrollo mental de nuestros personajes principales, un poco el horror viene de darse cuenta como al ensimismarte en tus propios pensamientos generas un universo complejo, borroso y dependiendo de tu contexto personal, psicótico.
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Kaufman se confirma con esta cinta como uno de los escritores más desafiantes del cine, pero la confusión ahora sí se le fue de la mano. Véase con un churrito de ensalada a la mano.