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Supongamos que Nueva York es una ciudad

Una rabietas en la Gran Manzana

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Fran Lebowitz es un personaje fascinante, culto, irreverente, judío y enojón, simplemente nunca está a gusto con la vida, debatiéndose siempre entre el pasado y el presente, adicta y apasionada de los libros, opinadora de diversos temas (hay pocos a los que no le entre) y amiga infaltable en la vida del maestro Martin Scorsese, llega a Netflix por medio de una mini-serie documental titulada “Supongamos que Nueva York es una ciudad”, bajo la dirección de su compadre, Scorsese.

Conformada por 7 episodios de 30 min cada uno y la aparición de algunas celebridades de la cinematografía como Spike Lee, Alec Baldwin o Olivia Wilde, esta mini-serie es la plataforma perfecta para ver -y escuchar con atención- todo lo que Lebowitz tiene que decir al respecto de la ciudad de Nueva York, la capital del mundo.

Si bien en 2010 ya habíamos tenido el maravilloso documental-película “Public Speaking” donde igualmente Lebowitz es la figura central, ahora en una especie de secuela ampliada, podemos sentarnos a tomar un café y recorrer las calles de Nueva York con alguien que lleva prácticamente 50 años de su vida en la ciudad que nunca duerme.

Con críticas al movimiento #MeToo, a los deportes, a los jóvenes, a los taxistas, a los políticos, a la tecnología, a Andy Warhol, a la política de no fumar en bares y restaurantes, al metro de Nueva York, y muchísimos más temas, la serie se va como agua ante la agilidad anecdótica de nuestra protagonista. Su lenguaje punzante y sus opiniones que sin duda serían censuradas en Twitter, en este formato logramos ver una radiografía a detalle de un personaje y cómo ha sido su experiencia al ver transformase en varias ocasiones a la gran urbe por excelencia.

No apta para gente de piel delgada, pero sí necesaria para volver a quitarnos la extrema corrección política, “Supongamos que Nueva York es una ciudad”, resulta en un producto agradable, elevado intelectualmente hablando y por supuesto, absolutamente divertido gracias al humor tan característico de Lebowitz y el mismo Scorsese.

Un viaje por la nostalgia y la visión del boomer intelectual que simplemente no se pueden perder.

Una película que se debe de ver para generar diálogo, controversia y sorprendentemente unidad a través de la verdadera fe la cual nace, y como dice el protagonista de la cinta, de la falta de certeza… la certeza como el gran enemigo de la religión. Potente.

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© 2020 por Raúl Cedeño creado con Wix.com

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