
THE LAST DANCE
La mitología del deportista

Mientras escucho “My Way” con Frank Sinatra al fondo, más y más me hace sentido la miniserie documental recientemente concluida en Netflix “The Last Dance”, un recuento de los 11 años -13 si consideran los breaks- de Michael Jordan al frente de los Chicago Bulls, así como la década de oro del básquetbol, donde se generó el concepto del Dream Team, con figuras como Scottie Pippen, Dennis Rodman, Charles Barkley… en fin la lista es amplia, pero titánica en sus proporciones, y que justo, como citaba al maestro Sinatra al comienzo, lo hicieron todo “a su manera”.
La serie es un festín norteamericano de principio a fin, con medidas justas de dramatización, thriller, comedia y análisis deportivo técnico denso -del cual un servidor no tiene ni idea-, aún así esto no lo hace, pero por nada, menos divertido. Llevándonos de la mano por cada momento entre de la carrera de Jordan y su séquito, en su construcción es muy compleja pero siempre mantiene su objetivo claro, en mi caso, enterarme cómo y en qué circunstancias los Chicago Bulls se volvieron tricampeones consecutivos en dos ocasiones, y, por otra parte, la mitificación de la figura de Jordan, todo esto acompañado de las interesantes subtramas de Rodman, Pippen, Jackson, Krause y muchos más involucrados. Para quienes ya conocían la historia, este es un retrato minucioso en el relato de los eventos y el por qué los resultados que hoy son historia.
La estrella principal destaca en todos los sentidos, Michael Jordan, íntimo y honesto, sin tapujos se muestra como una persona en su momento calificada como Dios; sin embargo, aquí entendemos al gran Hércules o Jesús del básquetbol, un hombre movido por la sangre ante sus objetivos pero que, para llegar a ellos, se envolvía en una disciplina en efecto fuera de este mundo, al grado de volver “todo personal”. También la serie explora a través de entrevistas con Obama, Clinton y más cómo el ser tan trascendental como figura pública genera un aura complicada de perturbar, y que una vez que se hace, el desbalance, cuando lo hay, puede llegar a ser tremendo.
Por otro lado, también es un recuento de esos actores co-estelares de Jordan, que si bien nuestro Hércules parece invencible, simplemente nunca podrá hacerlo solo, y por ello necesita a sus número dos, en este caso Scottie Pippen y Dennis Rodman, con este último fue con el que más simpaticé -no sé si por su relación con Phil Jackson o Madonna-. Estas dos historias son fascinantes desde su origen y cómo, al igual que Jordan, vienen desde abajo, pero con el don nato, la disciplina y el moverse hacia el último objetivo, y el máximo mantra del deporte: ganar.
Una serie imperdible para conocer a hombres hechos dioses, reflexionar sobre qué nos mueve en la vida y cuál es nuestro objetivo, más allá de a que nos dediquemos: ser la mejor versión posible de nosotros en nuestra vida.
Una serie documental para la historia, y merecedora de la figura que expone. NO SE JUSTIFICA EL NO VERLA. Punto.